| 17 Enero 2010
Paradójicamente, mientras cientos de toneladas de comida y medicina se encuentran en suelo haitiano esperando ser distribuidas, en las calles la población se muere, ya no por causas directas del terremoto, sino por sed, hambre, y por peleas entre ellos mismos, tratando de coger lo poco que existe de comida y agua potable.
Y es aquí, donde cabe preguntarse, sobre el poco o nulo tejido social que se ha recompuesto en estos últimos años, y el papel que ha cumplido la ONU, y (como ironía) qué concreto ha hecho en estos 6 años ocupando militarmente la sexta nación más pobre del mundo.
Todo lo que ha pasado nos duele y nos conmueve, pero la catástrofe en Haití es mucho más que lo que nos muestra este terremoto. No vale la pena en este pequeño espacio intentar explicarlo, pero, sí vale la pena opinar qué hace nuestro país cuando ayuda, por qué lo hace, y por qué se muestra como se muestra.
Chile, al igual que otros países, está interviniendo a través de la ONU desde hace algún tiempo, en la contención de la guerra civil, pero en Haití en los últimos 2 años han muerto apenas una decena de personas por esa causa. En cambio, por desnutrición; falta de medicamentos y hospitales; luz eléctrica; agua potable e higiene, han perdido la vida varios miles de haitianos en ese mismo periodo. De hecho, su esperanza de vida apenas sobrepasa los cincuenta años, y la tasa de mortalidad infantil bordea el 7%.
Como contraparte, los datos de cuánto ha gastado Chile en el proyecto Haití-ONU, según estimaciones tímidas, han sido lo suficientemente abultadas como para haber levantado un hospital (no de campaña), sino permanente, que pudiese atender a cientos de haitianos que en este momento de tragedia sólo les queda confiar en su suerte; la pena del mundo, o en el funcional vudú.
Lamentablemente, esto era así antes de que apareciera la ONU, y no ha cambiado demasiado (salvo mediáticamente) bajo su intervención. A los haitianos lo que más le hace falta ahora, es agua, comida y medicina, pero a Haití, le hace falta otra cosa muchísimo más de fondo.
Ahora que hay ‘buenas imágenes’ para explotar de Puerto Príncipe, vamos a estar sobre expuestos (agotado el tema de Sandro) a ellas, y todos vamos a hablar de su sufrimiento. Es imposible negarse a ello, pero por favor, exijamos a las instituciones que aprueban estos presupuestos y movimientos de tropas, a que expliquen cuál es la verdadera guerra que deberíamos apoyar con nuestros recursos fiscales.
Lo que se debe hacer para ayudar a Haití, (con o sin terremoto), no es ir a ganar zona, ni tampoco ir a probar material de campaña de las empresas proveedoras. Los gastos que la ONU rinde cada año, debido a la ocupación, son impresionantemente abismantes, y vergonzosos comparados con el escuálido PIB del golpeado Haití.
No seamos hipócritas, Chile (al igual que la mayoría de los países) sólo mejora su imagen y preparación militar, y el aporte real en todos estos años es cercano a cero. Y en estas circunstancias, con los ojos humedecidos por la tragedia, como siempre, al igual que una Teletón, se apela a la capacidad de lástima de la población para que haga lo que siempre debió ser rol de los estados, o por último si fuesen creíbles, de las instituciones de éstos.
Fernando Perales
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